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18 de marzo de 2017


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ESPONDILITIS ANQUILOSANTE

¿Qué es la Espondilitis Anquilosante?

La Espondilitis Anquilosante (en adelante EA) es una enfermedad autoinmune inflamatoria crónica de tipo reumático que cursa con dolor y se caracteriza por evolucionar mediante brotes inflamatorios que, característicamente, afectan de forma preferente a las articulaciones sacroilíacas y al raquis con tendencia a fibrosis y posterior y anquilosis. Es el prototipo de las enfermedades inflamatorias del aparato locomotor que afectan al esqueleto axial, englobadas bajo el término de espondiloartropatías entre las que se incluyen, además de la EA , la Espondilitis Juvenil , la Artritis Psoriásica , las Artritis Reactivas, las Artritis Enteropáticas (Enfermedades Inflamatorias Intestinales), las Espondiloartropatías indiferenciadas y otras, siendo las más comunes las que se han relacionado anteriormente, presentándose muchas características y sintomatologías comunes en todas ellas, al igual que sucede con la Artritis Reumatoide.

Causas de la Espondilitis Anquilosante

La EA es una enfermedad inflamatoria crónica de etiología desconocida en la que la interrelación entre factores ambientales sobre un sujeto genéticamente predispuesto favorece el desarrollo de la enfermedad. El factor genético es el predominante en la ayuda al diagnóstico de la enfermedad, presentándose el gen de histocompatibilidad HLA-B27 en una cantidad cercana al 90% de las personas que presentan esta enfermedad. Las líneas de investigación apuntan que fragmentos de bacterias que penetran a través del tubo digestivo desencadenan la enfermedad en una persona predispuesta, que provoca una respuesta inadecuada del sistema inmunológico desproporcionada contra los propios tejidos del afectado.

Impacto en la población

La EA está presente aproximadamente en un dos por mil de la población, afectando en mayor medida al sexo masculino en una relación de 3 a 1 sobre el femenino, siendo en este último caso sus manifestaciones más atípicas. Tomando estos datos como referencia, se puede decir que esta enfermedad podría afectar a cerca de 900.000 personas en España.

Criterios diagnósticos

El diagnóstico de la EA puede ser complicado en los primeros estadios de la enfermedad al no presentarse signos radiológicos evidentes que indiquen su aparición, lo que unido al desconocimiento que actualmente se tiene de la enfermedad, puede inducir a un diagnóstico erróneo, lo que retrasaría el adecuado tratamiento de la misma.

Se aceptan como criterios para el diagnóstico de la enfermedad :

• Aparición de dolor en la zona sacro-lumbar que se intensifica por la noche y de madrugada.

• Rigidez matutina.

• Brotes inflamatorios muy dolorosos que pueden llegar a varios meses de duración.

• Limitación de movimientos de la columna en los planos frontal y sagital.

• Evidencias radiológicas de inflamación de la articulación sacroilíaca (sacroileítis), si bien pueden no manifestarse en los primeros años de aparición de la enfermedad.

• Aparición del gen de histocompatibilidad HLA-B27, presente en un 90% de los casos.

A estos criterios se asocian en numerosas ocasiones otros que pueden ayudar a su diagnóstico :

• Dolor en articulaciones (Espondilitis Anquilosante periférica).

• Síntomas digestivos (asociados a Enfermedades Inflamatorias Intestinales).

Las denominadas “pruebas reumáticas” no son, en absoluto, marcadores de esta enfermedad y no tienen valor ninguno para clasificar a un enfermo como espondilítico, lo cual induce a muchos errores de diagnóstico

Manifestaciones extra-articulares y complicaciones

En un importante número de pacientes afectados aparecen como síntomas constitucionales: fiebre leve, malestar general, pérdida de peso e incluso cuadros de fatiga crónica asociada a estas enfermedades, así como una mayor frecuencia de ansiedad y depresión

Al tratarse de una enfermedad sistémica, pueden aparecer otro tipo de manifestaciones, de las que se exponen a continuación las más importantes:

• Uveitis: Inflamación aguda del tracto anterior del ojo, presentándose de forma brusca, unilateral, con ojo rojo y visión borrosa, que requieren de un tratamiento rápido y adecuado por que pueden producirse secuelas irreversibles.

• Aortitis: inflamación de la raíz aórtica y que puede y condicionar la aparición de una insuficiencia valvular a consecuencia de la dilatación de la aorta ascendente por fibrosis. Del mismo modo, también por fibrosis, puede provocarse la aparición de trastornos de la conducción cardiaca que precisen la implantación de marcapasos.

• Afectación pulmonar: Como consecuencia de la afectación de las articulaciones condroesternales y condrovertebrales se produce una intensa limitación para la movilidad de la caja torácica que condiciona la existencia de una alteración respiratoria de tipo restrictivo a lo que puede sumar, ya en estadios finales y muy evolucionados, la aparición de una fibrosis pulmonar que característicamente afecta a los lóbulos superiores

• Osteoporosis: Pérdida de masa ósea demostrada en pacientes con EA aún desde los primeros estadios de la enfermedad, que pueden llegar fracturas vertebrales osteoporóticas, incluso en aquellos pacientes libres de sintomatología raquídea, que complican el curso evolutivo y pueden contribuir a la deformidad del raquis.

• Enteropatía : Un número elevado de enfermos espondilíticos presentan una verdadera enfermedad inflamatoria intestinal, presentando úlceras de diversos tamaños e inflamación en todas las capas de varios tramos del intestino, presentándose cuadros de diarrea, cólicos, anemia y otros síntomas.

• La afectación más frecuente y grave de la EA es la artritis de cadera (coxitis), y su sola afectación es un indice de severidad de la enfermedad y que suele requerir de intervención quirúrgica para su sustitución por una prótesis.

Tratamientos

La EA es, hoy por hoy, una enfermedad incurable. Los únicos tratamientos que existen en la actualidad frente a esta actividad se limitan a paliar sus efectos y aliviar, en mayor o menor medida, el dolor del paciente.

Los tratamientos farmacológicos hoy en día, y por orden de suministro al paciente en función de la respuesta a los mismos, son:

• Anti-inflamatorios no esteroideos (AINES).

• Corticoides.

• Inmunosupresores (también llamados modificadores de la enfermedad).

• Tratamientos biológicos (Anti-TNFa).

• Morfínicos.

Existe un gran número de pacientes que no responde a tratamientos con AINES, en cuyo caso estaríamos hablando de EA de tipo refractario.

La gran esperanza de los pacientes con EA están puestas en los nuevos tratamientos biológicos, que parecen estar dando una buena y rápida respuesta (aunque no siempre es así en todos los casos), pero son tratamientos con un coste muy elevado y de los que aún se desconocen sus efectos secundarios a largo plazo, por lo que aún existe una cierta reticencia a su administración.

Estado físico del paciente de Espondilitis Anquilosante

No hay dos casos idénticos de EA. Los síntomas aparecen y desaparecen, variando su intensidad. No hay aviso de cuándo sobrevendrá el próximo brote ni tampoco ninguna indicación de cuándo se calmará. La gravedad de la rigidez asociada con la enfermedad también varía. No todos los pacientes que lleven a cabo un programa regular de ejercicios conservarán la postura y movilidad normales.

Todo paciente con EA es un enfermo crónico y, por tanto, presenta un estado de salud deficitario, considerado globalmente: el decaimiento, la astenia, el cansancio e incluso la depresión aparecen casi siempre en el transcurso de la evolución de este proceso.

No puede descuidarse una nutrición completa y equilibrada. La anemia es una complicación nada infrecuente en cualquier enfermedad inflamatoria crónica y, aunque puede verse favorecida por una alimentación insuficiente, lo habitual es que sea ocasionada por la repercusión de la inflamación sostenida sobre la a médula ósea, lugar de formación de las células sanguíneas y de los glóbulos rojos. Los AINE sin protección gástrica y la coexistencia de una enfermedad inflamatoria intestinal pueden provocar micro hemorragias y, posteriormente, anemia.

Estado psíquico del paciente de Espondilitis Anquilosante

Todas las enfermedades crónicas, entre ellas la EA , pueden inducir trastornos emocionales, originándose una serie de procesos psicológicos. Evidentemente, no existe una forma típica de reaccionar, la forma de asumir el proceso estará condicionada por la personalidad individual, el estilo de vida, el estado de la enfermedad y por el contexto social en el que ocurra.

La depresión en los pacientes con EA puede sobrevenir porque se sufre de pérdidas constantes y progresivas, desde el inicio de la enfermedad, en donde se pierde la salud y empieza la discapacidad hasta la pérdida de funciones, recursos, espacios sociales, competitividad y oportunidades,, así como el cambio de nuestra imagen corporal, y para colmo, el dolor.

La importancia de entender la depresión en la EA permite al paciente vivirla con las menos regresiones posibles, lo que significa perder menos recursos de relación social y el concepto de uno mismo.

Es altamente recomendable la participación de grupos de terapia de apoyo psicológico y fisiológico. El apoyo de la familia es una base vital para facilitar la adaptación a las nuevas circunstancias que se crean a causa de la EA , por lo que todos los que rodean al enfermo deben conocer los aspectos básicos del proceso patológico y contribuir a crear el clima propicio.

Consecuencias en el terreno laboral

Es muy importante contar con un entorno laboral adecuado para el enfermo de EA, tanto en el entorno físico y postural como de relaciones laborales, que contribuya a que el paciente se sienta útil en su trabajo y no sienta constantemente “la espada de Damocles” sobre su cabeza debido a las exigencias laborales, sintiéndose en disposición de poder pedir los recursos necesarios para el normal desarrollo de su trabajo.

La EA se encuadra dentro de las enfermedades incapacitantes que ocasiona en quien la padece unas limitaciones, susceptibles de valoración de una minusvalía o incapacidad, en función del grado de afectación y las limitaciones físicas que se produzca en el enfermo.

Perspectivas futuras

En este momento, todavía estamos lejos del objetivo final ante cualquier enfermedad: la curación. Los últimos trabajos científicos han preparado las bases para el bloqueo de la reactividad cruzada a través de mecanismos de ingeniería genética. Cuando esto se consiga, la posibilidad de detener la enfermedad totalmente podrá ser una realidad, además de poder establecer un tratamiento precoz que permita su “curación”.

En cualquier caso, los medios dedicados a la investigación de este tipo de enfermedades siguen siendo, hoy en día, bastante más limitados, centrándose la atención de los investigadores en otro tipo de enfermedades más “impactantes” socialmente que puedan tener una mayor repercusión.

A día de hoy, se abre una pequeña vía de esperanza en los nuevos fármacos biológicos anti-TNFa, que han demostrado una gran efectividad, aunque se trata de tratamientos altamente costosos y no exentos de problemas y complicaciones, siendo aún hoy desconocidos sus efectos secundarios a largo plazo, debiendo ir precedidos de un riguroso protocolo para posibilitar su prescripción.

 
 
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